30/04/2008

LA CAIDA PROGRESIVA DE PINOCHO


A Uribe se le vino una cascada de denuncias. Acostumbrado a su teflón que según analistas trasnochados lo aguanta todo, esta vez las cosas comienzan a complicarse. Y hoy 29 de abril, en un hecho casi sin precedentes, tuvo que acudir a la Comisión de Acusaciones de la Cámara a sostenerse en su acusación por injuria y calumnia contra el ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, magistrado César Julio Valencia Copete en medio de un aparatosa movida de seguridad que llegó al propio congreso que según algunos era intimidante e innecesaria.
Más de cuatro horas y media le tomó la presentación ante su juez natural. Un tiempo valioso para cualquier presidente de una nación respetable que en lugar de andar en enredos judiciales dedica toda su actividad a las funciones propias de su cargo.
Pero no. Nuestro presidente prefiere cazar entuertos, incluso contra las altas cortes. Y da risa que tres horas de la audiencia las dedicara a dar cátedra acerca de la división de poderes en Colombia. Un personaje que precisamente se destaca por violentar dicha separación como lo muestra la malévola propuesta de crear una supercorte para judicializar a los parlamentarios enredados en la parapolítica y a él mismo, como insólitamente le propuso al país, por todos los canales en horario triple A, el domingo 27, burlando la constitución nacional.
Para no hablar de todos sus ataques a la majestad de la Corte Suprema, exigiéndole “objetividad en sus análisis” preocupado con razón, porque esta ya ha mandado a la cárcel a 31 congresistas, y tiene investigados a otros 31, todos amigos del presidente, y quienes le hicieron campaña en 2006 para su reelección.
Según El Espectador del martes 29, el presidente le manifestó al representante investigador, Carlos Chavarro, que no podía dejar pasar por alto una injuria o calumnia como la del ex presidente de la Corte Suprema. Éste había declarado a los medios hace unos meses que Uribe lo había llamado para indagar por el proceso que se le seguía a su primo Mario Uribe, hoy tras las rejas acusado por la Corte por sus lazos con el paramilitarismo.
Con valor civil el magistrado, a través de su apoderado el abogado Ramiro Bejarano, declaró antes de la audiencia que no iba a conciliar y que se mantenía en su denuncia. De manera que el presidente no tendrá más remedio que enfrentar un largo proceso en su contra.
Y claro, no podían faltar las declaraciones de omnipotente salvador de los males de la República a que nos tiene acostumbrados soltando perlas como esta al salir de la Cámara de Representantes: “Lo mejor para la Comisión de Acusaciones es que yo asistiera personalmente a la misma diligencia judicial, porque en la opinión pública esta célula legislativa tiene una imagen vilipendiada".
Ahora en adelante veremos a un Uribe afanoso acudiendo a cuanto organismo desprestigiado del país para rescatarle su alma corrupta y darle así una segunda oportunidad sobre la tierra.
Muy pronto le tocará volver a la misma célula cameral para responder a la demanda que entabló, en la misma aciaga mañana presidencial, el senador del Polo Luis Carlos Avellaneda por cohecho, esa rara figura que como en el tango para que funcione, necesita dos: el que soborna y el que se deja sobornar.
Como el país bien sabe, la ex- representante a la Cámara, Yidis Medina, denunció el ofrecimiento de beneficios por parte de altos funcionarios del Gobierno para que votara a favor de la reelección de Uribe y cuyo voto en la comisión primera de la Cámara de representantes fue decisivo en 2005 para cambiar el “articulito” de la Constitución.
Según el senador Avellaneda en un candente debate el 29 de abril en el senado, donde defendió a nombre del Polo a la Corte, y señaló a Uribe como el pater corruptus, Yidis Medina tiene pruebas magnetofónicas de los sobornos de que fue objeto por parte de altos funcionarios del gobierno de Uribe. De ser cierta semejante revelación no hay duda que el anillo que hoy atenaza a Uribe de acusaciones de corrupción terminará cerrándose.
Y como si esto fuera poco, es posible que por algún lado le venga la formulación de cargos tras las acusaciones de un ex paramilitar, preso hoy en Medellín, quien sostiene que agentes de la fuerza pública de la gobernación de Antioquia, que ejercía Uribe, ayudaron a los paramilitares en el ataque al caserío de El Aro, nordeste antioqueño, el 25 de octubre de 1997 que dejó un saldo de 15 campesinos muertos "en estado de indefensión, despojando a otros de sus bienes y generando terror y desplazamiento'', según el fallo, de 160 páginas conocido por el diario norteamericano El Nuevo Herald.
Según el bien informado Nuevo Herald de Miami, en su edición del domingo 27 de abril, el ex paramilitar Francisco Enrique Villalba Hernández, declaró ante la Fiscalía General de Colombia en febrero pasado, que el presidente Álvaro Uribe y su hermano Santiago participaron de alguna forma en la planeación de dicha masacre.
Uribe, sabiendo lo que se le venía, cinco días antes de la información, le dijo a la cadena Caracol que por ahí había un desmovilizado que sostiene que el presidente participó en una masacre de los paramilitares, “pero ya con mis abogados hemos podido tumbar todas las inconsistencias” en esa nueva infamia contra su prestigio.
Parte de la confesión de Villalba fue utilizada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para condenar a Colombia por esa masacre, según un extenso fallo de ese tribunal hace dos años.
El mismo fallo cita un testimonio en el sentido que la gobernación del departamento de Antioquia, se negó a prestar protección a los habitantes de El Aro al enterarse que el ataque paramilitar era inminente. "Ante esta situación, como dos meses antes de la toma, la Junta de Acción Comunal de El Aro pidió protección a la gobernación [de Antioquia], la cual no fue otorgada'', expresa la sentencia del CDIH.
Pero El Nuevo Herald obtuvo una copia completa de la declaración que, en efecto, contiene reiterados testimonios de Villalba de que Uribe, cuando era gobernador del departamento de Antioquia, se codeaba con los máximos jefes de las AUC y dio carta blanca para llevar a cabo la masacre.
El diario revela en una reportaje que escasamente reprodujo uno que otro medio en Colombia y ninguno de los grandes noticieros de la televisión, que"[Álvaro Uribe nos dijo] que lo que hubiera que hacer que lo hiciéramos'', declaró Villalba al describir una reunión en la que participaron líderes de las AUC, militares y los hermanos Álvaro y Santiago Uribe.
La declaración de 19 páginas de Villaba describe con nombre y pormenores una estrecha relación de complicidad y camaradería entre autoridades militares y policiales con los cabecillas de los escuadrones de la muerte.
Villalba, según los documentos obtenidos por el Herald, aseguró que tres días antes de la incursión en El Aro hubo una reunión en una finca de un hacendado --que no identificó-- en el municipio de La Caucana, en el noroeste de Antioquia. Al encuentro asistieron además de mandos militares de la IV Brigada y de la policía, cabecillas de las AUC y los hermanos Uribe, agregó.
"Estuvo también Santiago Uribe y Álvaro Uribe, que era gobernador cuando eso'', dijo el testigo. Villalba afirmó que se enteró de quién era Uribe después de la masacre cuando el entonces gobernador se presentó en la misma finca a felicitarlos por el éxito de la operación.
Según el declarante, Alvaro Uribe "fue invitado por Carlos Castaño'' a la reunión previa a la masacre y luego presentado por Mancuso ante los asistentes. En esa reunión Uribe habló en público, detalló Villalba.
En su pugilato con la Corte Suprema hay que recordar el incidente que entabló en octubre pasado cuando acusó al magistrado auxiliar Iván Velásquez de tratar de sobornar a un delincuente preso en Itaguí, Antioquia, para que a cambio de beneficios judiciales, declarara contra el presidente.
La Corte en pleno respaldó a su magistrado y acusó a Uribe de obstruir la justicia. El pleito aun sigue y deberán responder las partes a la justicia, incluido el propio presidente acusador.
Y volviendo a la Comisión de Acusaciones de la Cámara, Uribe también deberá responder ante la demanda entablada el 8 de marzo de 2007 por el senador del Polo, Jorge Enrique Robledo, por “traición a la patria” y “traición diplomática”. El senador Robledo, en la oposición, explicó que su denuncia se basa en los artículos 455 y 457 del Código Penal que habla de estos delitos y a raíz de la firma, auspiciada por el gobierno, del Tratado de Libre Comercio con EE.UU.
Según Robledo, el primero de los artículos, el 455, describe que la "traición a la patria" la comete aquel que menoscabe la soberanía nacional y que "realice actos que tiendan a someterla en todo o en parte al dominio extranjero o a afectar su naturaleza de estado soberano". "Creo que es evidente que el TLC somete la soberanía en todo o en parte al dominio extranjero (de Estados Unidos) y afecta su naturaleza de estado soberano. De acuerdo con eso da prisión de 20 a 30 años", dijo Robledo.
Como se ve, en la Casa de Nariño no habrá respiro por mucho tiempo tratando de sacar a su inquilino de tanto enredo judicial en los que se mete, gracia a su consabida dosis de buscapleitos. Por lo pronto el que más lo va a trasnochar será el de Yidis Medina.




Roberto Romero.

1/12/2007


LA NUEVA ETAPA DE LA GUERRA EN COLOMBIA


Para entender cómo se librará la guerra en Colombia durante la próxima década, es conveniente considerar el modelo de acción cívico militar que presentará el Gobierno Nacional a finales de este mes en la Tercera Conferencia sobre Cooperación Internacional para Colombia. Las líneas estratégicas de este modelo aparecen en documentos oficiales como: Estrategia de Fortalecimiento de la Democracia y el Desarrollo Social o Plan Colombia II. El objetivo central es intensificar la guerra. El presupuesto militar para 2008 alcanzará la cifra récord de $18,3 billones (US$9.000 millones) lo que equivale al 5,6% del Producto Interno Bruto. Se busca además que la Fuerza Pública pase de 400.000 a medio millón de integrantes. Este crecimiento de la máquina militar se articulará a la Doctrina de Acción Integral que busca potenciar la experiencia adquirida en la combinación entre el componente bélico y la acción integral para la “recuperación social” del territorio. A la cabeza de la ejecución de esta estrategia, estará el Centro de Coordinación de Acción Integral (CCAI), órgano de la Presidencia de la República que contará con múltiples agencias del Estado y con el apoyo del Comando Sur y la Embajada de Estados Unidos. La Doctrina de Acción Integral buscaría que el Ejército y la Policía se encarguen de prestar servicios básicos, y realizar acciones sociales e incluso humanitarias en determinadas zonas del país. Como afirmó el Viceministro de Defensa: “Hay zonas donde aún el Estado tiene que llegar con fuerza para imponerse sobre los grupos al margen de la ley. En la medida en que esto se haga, se abrirán espacios para que el resto del Estado desempeñe su papel”. No obstante, el alcance real de esta doctrina es reestructurar el poder estatal local en un esquema que fusiona las instituciones y la sociedad civil en un marco cívico militar: la refundación consistente en el reemplazo del Estado de Derecho por el Estado Comunitario. Las zonas señaladas como prioritarias para la “recuperación social del territorio” son, entre otras, Córdoba, Medio y Bajo Atrato, Norte del Cauca, Sierra Nevada, Catatumbo, Meta, Arauca y Putumayo. En otras palabras, las zonas de frontera, territorios de comunidades afrodescendientes e indígenas, zonas con grandes riquezas naturales y donde se están asentando multinacionales, megaproyectos y cultivos para la producción de agrocombustibles. El plan de guerra que se presentará a la cooperación internacional es una versión contextualizada del enfoque del Comando Sur de Estados Unidos en su nueva estrategia de “amistad y cooperación para las Américas”. Es un modelo de actuación que se aplica también en otras regiones del mundo, como Afganistán. La cuestión es saber si los países de la Unión Europea secundarán esta propuesta para intensificar el conflicto armado, reducir los espacios del poder civil y clausurar las conquistas democráticas consagradas en la Constitución de 1991. La “recuperación social del territorio” es una forma de intromisión de los militares en la vida civil para librar la guerra sin el más mínimo respeto por el principio de distinción que establece el derecho humanitario y en condiciones propicias para las violaciones de derechos humanos y los abusos de la Fuerza Pública. Esta estrategia no es algo nuevo. Se aplicó en Colombia en la década de 1960. Su resultado fue el paulatino despliegue de los grupos paramilitares sobre el territorio nacional. Las mismas estructuras que hoy se hacen llamar Águilas Negras y que están asociadas a la tenebrosa “refundación de la patria” que persigue la parapolítica.


Ivan Cepeda.

12/11/2007



12-11-2007
La irremediable decadencia de la monarquía española


Ante los incidentes de la XVII cumbre iberoamericana, la complaciente prensa española se ha apresurado a centrar la responsabilidad por el enfrentamiento entre los representantes de España y Venezuela en las palabras del presidente venezolano, pasando de puntillas por el deslucido y zafio papel de Juan Carlos de Borbón. Todos los periódicos españoles de corte han cerrado filas para defender al monarca, llegando los editorialistas de El País a considerar que Juan Carlos de Borbón “estuvo en su papel”, aunque se traicionaban después al mostrar su preocupación por los continuos incidentes que protagoniza, mostrando su deseo de que “la figura del rey no debería estar por más tiempo en el primer plano político.”
Sin embargo, pese a la insistencia de esa prensa cortesana, para España lo más relevante de la cumbre iberoamericano no han sido las acusaciones del presidente venezolano Chávez al expresidente español José María Aznar. Lo que debería hacer reflexionar a los ciudadanos son las duras acusaciones que hicieron los representantes de varios países a las empresas españolas y a determinados comportamientos de su diplomacia. Porque, por ejemplo, está demostrado que la embajada española en Caracas recibió, en 2002, instrucciones precisas del presidente Aznar para apoyar el golpe de Estado en Venezuela, en connivencia con Washington. Lo que debería preocupar en España son las palabras de Daniel Ortega, acusando a la diplomacia española de interferir en los procesos electorales de Nicaragua, y de colaborar con la derecha de ese país para evitar el triunfo electoral del Frente Sandinista. Como debería ser motivo de gran preocupación las denuncias realizadas contra Unión Fenosa, acusada de utilizar métodos gansteriles en América Latina. Y debería preocupar que el presidente Néstor Kirchner haya criticado con suma dureza el irresponsable proceder de las empresas españolas en Argentina. Porque lo relevante del enfrentamiento de Santiago de Chile es que muestra el progresivo distanciamiento entre una parte importante de América Latina y España, por la avidez y la rapiña de las empresas españolas. Pero sobre todo eso, la prensa española ha pasado hasta ahora de puntillas.
La apresurada recopilación hecha en España, en varias cadenas de televisión, uniendo arbitrariamente algunas intervenciones de Chávez con la intención de presentarlo como un dirigente pendenciero, choca con la extrema amabilidad con que se ha tratado a otros presidentes, empezando con Bush y acabando con José María Aznar. Esa prensa española, que se rasga las vestiduras ante el calificativo de “fascista” lanzado por Chávez a Aznar, no respondió de igual forma cuando éste insultó a Chávez, como recordó en la cumbre chilena el vicepresidente cubano Carlos Lage. Aznar ha llamado a Chávez “nuevo dictador”, ha hablado de una supuesta “vuelta al nazismo”, ha denunciado el “enorme peligro para América Latina” que supone Venezuela, ha acusado al presidente venezolano de ser un defensor del “abuso, la tiranía y el empobrecimiento”, entre otras muchas expresiones semejantes. Aznar, además, apoyó un golpe de Estado para derribar a Chávez e instaurar una dictadura militar. Ante todo eso, ¿cómo espera la prensa española que califique el presidente venezolano a Aznar?
Esa era la realidad en Santiago de Chile, y, ante ella, Juan Carlos de Borbón pretendió hacer callar a Chávez. ¿Por qué se sintió ofendido Juan Carlos de Borbón ante las críticas de Chávez a Aznar? ¿Cómo cree el monarca que debe calificarse a un expresidente que apoyó un golpe militar para destruir las instituciones democráticas venezolanas? ¿Por qué sintió como un ataque la descripción del vergonzoso comportamiento de las multinacionales españolas en América Latina, denunciadas no sólo por Chávez, sino también por Correa, el presidente de Ecuador; por el nicaragüense Ortega y el boliviano Morales, e incluso por un presidente tan moderado como el argentino Kirchner?
Porque lo más relevante de la escena de Santiago de Chile no fue el lenguaje más o menos diplomático de los participantes en la reunión, lo trascendente no fue la pasión o los calificativos utilizados, aunque retumben ahora en unas reuniones que con frecuencia se han desarrollado bajo montañas de palabras llenas de retórica vacía, y entre los parabienes, besamanos y lisonjas a los que tan aficionado es Juan Carlos de Borbón, acostumbrado a que, en España, todos le rían las gracias. Lo relevante es la distancia, que se ensancha, entre una América Latina que, con justicia, quiere salir de la pobreza y unas empresas que, como hizo el monarca, se comportan con maneras de matón de taberna.
¿Porque, quién se ha creído que es Juan Carlos de Borbón para actuar como lo hizo? ¿Acaso cree que tiene autoridad sobre los presidentes y los pueblos de América Latina? ¿Tal vez se ha creído su propia leyenda, inventada por los servicios de la incalificable Casa Real, que sigue insistiendo en el gran prestigio de Juan Carlos de Borbón? Para empezar, el monarca español era el único jefe de Estado presente en la cumbre chilena que no ha sido elegido por su pueblo. El propio Rodríguez Zapatero, que insistía en la defensa de Aznar con el argumento de que había sido elegido democráticamente en su día, se traicionaba, puesto que tenía a su lado a Juan Carlos de Borbón, de quien no recordó lo mismo.
El gesto airado de Juan Carlos de Borbón intentando hacer callar al presidente venezolano, usurpando las funciones de quien presidía la sesión, hablando fuera de tono, y auséntandose después de la sala con manifiesta mala educación y falta de cintura diplomática, en el momento preciso en que se criticaba la actuación de las multinacionales españolas, muestra la verdadera condición de este monarca, no en vano forma parte de esos círculos empresariales que le han financiado caprichos vergonzosos. Acostumbrado a que le rían las gracias, las bromas chocarreras, los comentarios insulsos, ese “excelente profesional”, como le definen sus aduladores, se ha revelado como un individuo sin modales, que se siente molesto cuando se denuncian las prácticas corruptas de las empresas españolas en América.
La incompetencia y grosería mostrada por Juan Carlos de Borbón, cuyo rostro tras el incidente delataba su incomodidad, la inocultable vergüenza, es la enésima muestra de que España no puede soportar por más tiempo a un jefe de Estado semejante, que los españoles merecen tener una república entre otras, abandonando ya la pesada herencia del franquismo, impuesta a los ciudadanos hace ya treinta años. Porque esa actitud suya no es nueva. ¿No se recuerda acaso el gesto del monarca levantando el índice en un desagradable gesto chulesco ante la protesta de ciudadanos en el País Vasco? ¿No se recuerdan sus groserías previas al desfile de octubre? Ése es el monarca español, complaciente con la gran empresa, envuelto en turbios negocios que le aseguran rentas millonarias, despreocupado con los problemas reales de los españoles, un hombre que dedica casi todo su tiempo a sus relajos privados, impasible ante la corrupción que gangrena a España. Juan Carlos de Borbón, tan complaciente con Bush o con los reyes de Arabia o de Marruecos, es incapaz de decirle al presidente norteamericano la más mínima palabra contraria a la infame agresión contra Iraq que ha causado centenares de miles de muertos, pero pierde, sin embargo, los papeles ante una fundada acusación contra un expresidente español.
La deplorable y patética escena representada por el monarca, perdiendo los estribos, es una prueba más de que España no debe continuar soportando una monarquía antidemocrática e inútil, aunque los ciudadanos del país no deben sentirse avergonzados, porque Juan Carlos de Borbón no los representa. Quienes han hecho de la adulación al monarca español un apostolado y un negocio, pontificando sobre el “benéfico papel” que Juan Carlos de Borbón tiene como representante de España, pueden comprobar ahora que ese monarca apenas sirve para otra cosa que para intercambiar bromas irrelevantes en reuniones y para mantener a toda su familia a costa del presupuesto público, y que, además, se comporta como un bocazas de taberna. Los tiempos están cambiando, porque, aunque lo lamente el editorialista de El País, cuando están empezando a quebrarse todos los muros construidos para sostener la gran mentira de una monarquía impuesta, estamos asistiendo también a la irremediable decadencia de Juan Carlos de Borbón y al anuncio de la III República española.


Higinio Polo.

7/11/2007




HALLOWEEN DE PROPAGANDA NEGRA EN COLOMBIA



El periodista y escritor Antonio Morales denuncia que Enrique Peñalosa contrató para su campaña los servicios de un ’mercenario’ gringo experto en propaganda negra.
Viernes 2 de noviembre de 2007 Colombia vive por estos días una gran resaca tras las elecciones locales y regionales del 28 de octubre. Pero la lengua pastosa del país, el temblor de manos y la sed de poder de los elegidos, no le han dado tregua a la actividad política que parece haber sido catapultada por estos comicios que han dejado muchas novedades en el mapa político del país. Desde luego buena parte de la atención post electoral se la ha llevado la capital, Bogotá, donde tras una guerra sucia por parte del hoy vencido candidato de la derecha a la alcaldía mayor, Enrique Peñalosa, contra el alcalde de izquierda electo Samuel Moreno y el hecho novedoso de la continuidad del Polo Democrático Alternativo en el poder en el segundo cargo de la nación, se ha potenciado el debate con la mira prematuramente puesta en las elecciones presidenciales de 2010. De dicha guerra sucia ya se han filtrado varios datos de cómo fue que Enrique Peñalosa organizó el ataque bajo contra Moreno. Hacia el mes de julio tras la elección de Moreno como candidato del Polo que coincidió con el inicio de la baja de Peñalosa en las encuestas, el candidato uribista decidió apartarse de sus asesores tradicionales y buscar refuerzos en el campo de los mercenarios electorales. Para ello encontró en el país de sus amores, los Estados Unidos, al señor Alex Castellanos, una especie de extraño gurú que entre otras cosas ha sido asesor de guerras sucias del partido republicano, experto en mensajes subliminales como el de la campaña de Bush donde se veía la palabra “ratas” cuando parecía Al Gore. El consultor de la derecha gringa, de origen cubano necesariamente, se ha especializado en todo tipo de acciones por lo menos cuestionables en las luchas electorales, un “maestro del nuevo estilo mediático” como lo calificara la revista Fortune, caracterizado por la confrontación brutal y la puñalada baja. Ha sido, además, asesor del gobernador de California Arnold Schwarzenegger. Pero ¿cual fue el papel de Castellanos en la campaña de Peñalosa? La estrategia era evidente. Desprestigiar no solo a Samuel Moreno sino a quienes le rodeaban y a su partido, es decir a los sectores del Partido Liberal que lo apoyaban y al PDA. Nada más fácil que asociar a Moreno con el ex-presidente Ernesto Samper quien saliera mal parado del poder debido al llamado proceso 8000 en el que se vio envuelto por la financiación de su campaña en 1994 por parte del Cartel de Cali. La gente de Peñalosa se inventó un comercial en el cual se decía con respeto a Moreno:” ¿Usted quiere que Samper vuelva gobernar?”. Típica dialéctica de Castellanos Pero ese era el primer paso de la cadena de ataques aleves. La acción tenía que poner en evidencia la supuesta relación de Moreno con las FARC Alejados sus asesores naturales, el empresario Mario Pacheco, el gerente de campaña Oscar Díaz y Darío Vargas y divido el grupo de medios y de estrategia de Peñalosa en los pro y contra Castellanos, el camino estaba despejado para la guerra sucia. Como diera lugar se debería vincular al Polo y a Moreno con las FARC. Y para eso la campaña de Peñalosa obedeció a las instrucciones y tesis de Castellanos y de “Jimmy” su enviado a Colombia. Los fockus group y las sesiones de sondeos indicaban que Moreno era inatajable, y entre más pasaban las semanas más bajaba Peñalosa en la intención de voto. Tras una reunión en un cóctel de entrega de los premios nacionales de periodismo Simón Bolívar, los antiguos “conspis” los periodistas que lideraron los ataques contra Samper durante su presidencia, decidieron lanzar los dardos. Las directivas del periódico El Tiempo (parientes del vicepresidente y del ministro de defensa), el periodista Julio Sánchez Cristo, el hijo del magnate Julio Mario Santodomingo propietario del canal de televisión Caracol, todos peñalosistas, estaban muy preocupados. Casualidad o no, lo cierto es que pocos días después, una entrevista del año de 1995 que le hiciera el hoy Presidente de ese canal Paulo Laserna (empleado de Santodomingo) a Moreno, fue utilizada fragmentariamente y fuera de contexto y de tiempo, para atacar a Moreno. La emisora la FM puso al aire pedazos del audio en los cuales Moreno, 12 años atrás, defendía la dictadura de su abuelo Rojas Pinilla, consideraba como natural la lucha armada y ponía en duda la legitimidad del ejército colombiano. Una típica jugada al estilo Castellanos. Cualquier cosa tendría que servir para atajar a Moreno y al Polo. El resto de la prensa afecta a Peñalosa se encargó de magnificar el asunto sacado del baúl. Pero esta vez a Castellanos le salió el tiro por la culata. La andanada contra Moreno se devolvió en las urnas donde limpiamente el candidato del Polo derrotó por 400.000 votos a Peñalosa. Es quizás esta la primera vez que en Colombia se utilizan las armas bajas y secretas comunes en la política gringa. El país se había mantenido mal que bien en la confrontación de tesis, de ideas y los ataques no iban más allá de lo normal entre fuerzas opuestas. Pero esta llegada de la “guerra sucia” electoral en la cual estuvo inclusive vinculado el Presidente Uribe que hizo eco del peñalosismo y participó directamente en política (lo cual está prohibido por la Constitución y ha merecido investigaciones en el Congreso contra Uribe) aporta tendencias torcidas en la lucha electoral en una país ya bien caldeado por el conflicto social y armado de cuatro décadas. No contaba pues Castellanos, padre del llamado “ataque moderno”, con los avatares de la política colombiana. Se dirá que es legítimo atacar, pero esta por verse donde quedará la ética de Enrique Peñalosa, capaz, dentro de su desespero, de entregarse a un mercenario decidido a todo como Alex Castellanos. Y justamente la guerra sucia electoral en Bogotá, una vez sembrada, parece dar frutos, aun con el hecho cumplido de la derrota de Peñalosa. Y uno de esos frutos es la animadversión personal del Presidente Uribe que se ha negado a recibir en su despacho al alcalde electo Moreno, en lo que se ha interpretado, no solo como una bravuconada más del muchas veces enfurecido presidente de la República, sino como una alineación en el partidor de la carrera por las presidenciales del 2010. En efecto, ya Uribe dio a entender que no se niega de plano a la idea de un tercer período y habló que lo haría si el país cae en “una hecatombe” situación en que el país anda, debido a la guerra y a la miseria, desde hace muchos años. Pero en sus propias huestes hay disidencias, sobre todo entre quienes hacen cola para supuestamente sucederlo, como el senador Germán Vargas y otros que consideran que un tercer periodo de Uribe lesionaría definitivamente la democracia colombiana. Pero como la guerra sucia ya hace parte de la dinámica de la política colombiana, el Presidente siguió en el asunto y a través de su comisionado de paz Luís Carlos Restrepo, lanzó dardos envenenados contra Carlos Gaviria, presidente del Polo Democrático Alternativo y posible contendor suyo en el 2010. La publicación de un artículo en la página de la agencia Ancol, cercana a las FARC, en el cual Gaviria analizaba de manera académica el asunto del delito político, y ya publicado hace tres meses en El Tiempo, le permitió de nuevo a Uribe acusar a Gaviria de ser amigo de las FARC, teoría absolutamente alejada de la realidad y refutada ene mil veces por Gaviria. Y los dardos seguirán porque el hecho del triunfo en Bogotá pone el PDA como una fuerza que bien puede ser el recambio ideológico en el 2010, al final del segundo período de Uribe, que desde que asumió el poder en 2002, nunca ha dejado de estar en campaña electoral. Y tanto que una vez más el gran debate nacional de esta semana, ya no son ni las elecciones ni la guerra sucia, sino si le conviene o no al proyecto de la llamada Seguridad Democrática, una segunda campaña reeleccionista y un tercer período de Uribe ¿Asesorado por Alex Castellanos?

Antonio Morales Riveira

8/10/2007


EL CHE CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Ernesto Guevara de la Serna sigue vivo y asistió a la recién pasada Sesión 62 de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York. Escuchó con paciencia unas veces y otras con abierta impaciencia, la cascada de datos alarmantes sobre las enfermedades del planeta.
Para sus adentros comparaba con el contenido de los discursos que él oía en los foros mundiales, por primera vez hace 45 años. Todos hablaban sobre los males de la humanidad, pero ninguno sobre las fiebres y pestes del planeta. ¿Qué ocurrió? ¿El mal avanzaba y no se era consciente de él?
En el verano de este 2007, había estado como conferencista invitado en Berkeley, California, por lo que debió presenciar el colapso del sistema eléctrico de ese Estado, uno de los más ricos de los Estados Unidos, debido a la sobrecarga producida por las necesidades de aire acondicionado, necesario para soportar el más intenso calor de todos los tiempos. También observó de cerca, la muerte de muchos estadounidenses, causada por este calentamiento.
Ahora, aquí sentado en la gran sala neoyorquina de Naciones Unidas, Guevara, de 79 años, escuchaba los discursos sobre la responsabilidad mayoritaria de los EEUU y de Europa por causar estas fiebres planetarias y casi llegaba a concluir, que los países considerados como más desarrollados, estaban comenzando a ‘ser víctimas de su propio invento’, al contrastar el severo daño causado al planeta, tras dos siglos de intenso capitalismo, con las muertes que acababa de presenciar en California, apenas hacía dos meses.
Los supuestamente más desarrollados se ahogan en calor, mientras en el otro extremo, en 12 países de África, las intensas lluvias, inusuales en esta estación, dejan más de medio millón de damnificados. Concluía El Ché, no sólo sufren los países ricos, sino que en su demencia por el dinero y el consumo ilimitados, hunden a toda la especie humana.
La fiebre planetaria sube la temperatura global, deshiela las que antes se consideraban nieves perpetuas, sube el nivel del mar, hunde islas y extingue numerosas especies vivas. Muchas vueltas dio Guevara en su silla, mientras escuchaba y tomaba anotaciones en su libreta de todo lo dicho por los Presidentes y Primeros Ministros, más comprometidos con la suerte del planeta.
Las denuncias sobre tanta concentración de riqueza y tanto derroche de recursos, le hizo levantarse de su asiento en repetidas ocasiones. Le indignó oír que 1.000 millones de gentes que habitan en los mal llamados países desarrollados, devoran, ellos solos, la mitad de la energía mundial. Y lo que es peor, entre Europa y los EEUU juntos, consumen 8.4 veces más que el promedio del resto de la humanidad. Por esto, estas potencias son las responsables de la producción del 70 por ciento de los gases, que producen las fiebres del planeta.
Los datos que rebosaron la serenidad de El Che, los aportó el líder Aymara, el presidente boliviano, Evo Morales Ayma: los 6.700 millones de habitantes del mundo consumimos en un año, lo que se produce en 15 meses. Más grave aún, es que los ingresos de tres familias multimillonarias, son superiores a la riqueza que producen los 48 países más pobres del mundo.
Para poder tranquilizarse y reflexionar, Guevara salió de la sala de sesiones de la ONU. Afuera se interrogó sobre la validez de su consigna, de principios de los años 60 del siglo anterior: “Un revolucionario representa la cima más alta de la especie humana”. Humanidad hoy es preservar la especie humana, dignificarla y salvar la tierra. Para sí concluyó, gente y planeta es una sola cosa. Llegado a este punto, se acordó de lo que había escuchado decir a un indígena, hacía cuatro décadas en la cordillera de los Andes: “Somos tierra que habla y anda”.
Prosiguió en su monólogo, comparando las soluciones de su inicio revolucionario, con las necesidades actuales del mundo. Son los mismos enemigos, las potencias imperialistas, las causantes del desastre universal, así como los medios para enfrentarlas, son los mismos.
Antes y ahora, los pueblos del mundo necesitamos adelantar una lucha colectiva, solidaria, contra el enemigo común, el capitalismo insaciable. La liberación no vendrá como regalo del cielo. Toda la civilización humana se ha ganado en dura lucha contra el viejo orden, por lo que esta batalla tiene que librarse mundialmente, también con el esfuerzo de todos.
Desde adentro de la sala lo llamaron. ¡Doctor Guevara, es su turno para hablar ante la Asamblea!
Interrumpido en sus reflexiones, el Comandante, trató de rematarlas, pensando que cada uno llevamos el sistema capitalista adentro, porque lo bebemos en la leche materna. Él nos vuelve consumistas, ansiosos de riqueza material e individualistas.
Otro modo de producir, otra manera de vivir. Esta es la solución. También la consecuencia de siempre, se seguirá requiriendo para hacer concordante, cada minuto, en cada acción, lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.
El Che no se ha ido, él está aquí. Nunca se irá.

...correo del magdalena...